Enfermedad mentalDurante siglos, la enfermedad mental ha sido un estigma social para quienes la padecían. Apartados del resto de la sociedad y de sus propias familias, los enfermos mentales eran tomados por seres endemoniados, o por seres peligrosos aquejados de males enigmáticos y arcanos. El único destino del enfermo mental era la marginación y el encierro.

Por fortuna, en las sociedades modernas –merced a los estudios de Pihilippe Pinel, Eugen Bleuler, Richard Von Krafft-Ebing, Sigmond Freud, etc, o, en nuestro país, de un renovador tan eminente como el Doctor José María Esquerdo- el dique de aislamiento a que quedaba sometida sistemáticamente la persona con enfermedades mentales, es al fin roto. El “loco” demoníaco, el “maníaco” marginado y condenado a la reclusión, y el “lunático” estigmatizado de las eras anteriores, es por fin visto como lo que en realidad es: un ser humano que sufre y que debe ser escuchado y comprendido. Una persona enferma que puede y debe curarse y ser aliviada de su sufrimiento.

El cuidado de enfermos con enfermedades mentales ha evolucionado mucho desde entonces, e incluso ha alcanzado el tejido asociativo con las asociaciones de familiares de enfermos mentales, en que estos se implican en actividades sociales terapéuticas, que contribuyan además a la integración de los enfermos.

Sea como fuere, para algo tan complejo como es la patología mental y el consiguiente cuidado de enfermos con enfermedades mentales, el papel de los profesionales especializados resulta absolutamente crucial. Una persona que sepa tratarles, comprenderles, acompañarles y guiarles a lo largo de la terapia, y que sepa confortarles en todo momento, y que para ello disponga de la formación adecuada, las herramientas, la vocación y la experiencia.

 

Qué son las enfermedades mentales y cómo hay que afrontarlas

Las enfermedades de la mente son trastornos anímicos, de pensamiento y de comportamiento. Un trastorno psíquico se considera propiamente enfermedad mental cuando es permanente y afecta a la vida diaria de la persona, incluso llegando a degradarla gravemente. Así sucede, por ejemplo, con una persona esquizofrénica que no es tratada: que tiende a aislarse de todo entorno social y familiar y a ver agravado su padecimiento día a día.

Como las enfermedades mentales no mejoran por sí solas –como por el contrario sí sucede con algunas dolencias físicas más o menos leves-, la única salida aconsejable es asignar un tratamiento adecuado al enfermo psíquico.

La gama de enfermedades mentales es de gran amplitud y abigarramiento: psicosis de muy variada índole (esquizofrenia, paranoia, psicopatía, delirio…), manías (entendidas en el sentido clínico: se trata de enfermedades principalmente anímicas como la bipolaridad), ansiedad, trastornos alimenticios, trastornos de la personalidad, etc.

Los desórdenes de la mente no son algo tan raro, macabro o terrorífico como se tiende a pensar en sociedades humanas, tan proclives al miedo a la locura. Como explican diversos expertos y directores de centros psiquiátricos, tales como el doctor Carlos Martín, director del Centro Sociosanitario Hermanas Hospitalarias, de Palencia: nada menos que un 25% aproximado de la población española padece este tipo de enfermedades.

Es un porcentaje bastante alto de la población, del mismo modo que el de la gente que sufre dolencias físicas también es muy elevado. Por esta razón entre otras muchas, debemos acostumbrarnos a ver la enfermedad mental como una enfermedad mal, y no como una marca que predestina al aislamiento social a quienes la padecen. De ahí que el apoyo social y familiar sea fundamental para que la persona enferma pueda enfrentar y derrotar a su enfermedad. El otro factor de decisiva importancia es, como ya hemos dicho, la ayuda y tratamiento por parte de profesionales.

Debemos estar alerta sobre los problemas de las personas con estas dolencias, y sobre la necesidad de cuidado de enfermos con enfermedades mentales. Se estima que tan sólo menos de una cuarta parte de los enfermos psíquicos son diagnosticados y tratados. Es imprescindible que nos informemos para poder ayudar a esas personas que sufren y que nos necesitan, para poder