Cómo evitar la depresión en personas mayores

Cómo evitar la depresión en mayores

La depresión en mayores es un problema extendido entre la población de la tercera edad. Supone un trastorno psíquico serio, y que puede conllevar secuelas muy serias en la salud de la persona anciana. Por ello, hemos de prestarle especial atención. Se trata de una importante cuestión de salud pública, que no debe tratarse a la ligera ya que tiene un gran peso en el mejor o peor estado mental y físico del adulto mayor.

La tercera edad es un momento de cambios decisivos en el aspecto físico, fisiológico, neurológico y somático del individuo. En la faceta que más pueda influir en los episodios depresivos y ansiosos, el envejecimiento se produce por las siguientes razones fundamentales:

  • Con los muchos años, se pierde conectividad neuronal en comparación con edades previas. Aunque el tejido nervioso tiende a auto regenerarse, lo cierto es que en edades más avanzadas asimismo tal capacidad se merma un poco.
  • Pérdida del soporte social y familiar. El entorno tanto social como familiar de la persona mayor propende a disminuir con los años por diversas razones (así por ejemplo, el fallecimiento de sus coetáneos, el cese de la actividad laboral, o la pérdida de autonomía personal, confluyen en esa disminución de las relaciones sociales del anciano, razón por la cual es tan importante potenciarlas a estas edades.
  • La mayor fragilidad física, envejecimiento somático y mayor propensión a contraer dolencias crónicas, es igualmente uno de los mayores detonantes de depresiones en la senectud.
  • Una pérdida del estatus social y económico, a causa tanto de la retirada de la vida activa como de la, digamos, modestia de las pensiones de países como España.
  • La depresión puede desencadenar demencias, pero estas también producen depresión de por sí.
  • La medicación que muchas veces han de tomar las personas ancianas por causa de sus múltiples problemas de salud, lo cierto es que también puede coadyuvar a los estados depresivos en la ancianidad.

La depresión en ancianos: un problema social

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión en mayores se halla extraordinariamente presente en nuestra sociedad: nada menos que una cuarta parte de los ancianos padecen trastornos depresivos. De hecho, este es el trastorno psíquico y emocional más frecuente hasta los 75 años. Dada la prevalencia de depresión en mayores, hay que tomar conciencia de que nos encontramos frente a un colectivo vulnerable.

Los porcentajes de personas de avanzada edad afectadas por la patología de la depresión, lógicamente varían según la situación concreta en que se encuentren:

  • Entre el 15 y el 35% de las personas mayores que viven en residencias.
  • Entre el 10 y el 20% de las personas ancianas que se hallan internadas en un recinto hospitalario.
  • El 40% de los ancianos que reciben tratamiento por problemas somáticos.
  • El 50% de los ancianos que se hallan internados en centros de atención psiquiátrica.

Es así que, junto a la demencia es la enfermedad mental más frecuente entre la población mayor y, cada vez más reconocida, aunque sigue pasando desapercibida, ya que su diagnóstico se tiene muy extendido que forma parte del envejecimiento. Si bien el síntoma básico es la tristeza, también puede expresarse con apatía, aburrimiento, falta de apetito o indiferencia.

Sin embargo, la depresión en ancianos tiene un buen pronóstico clínico, pues es fácil de revertir si se aplica el tratamiento adecuado y se detectan los factores que esconden un posible cuadro depresivo en el adulto mayor.

Factores detrás de la depresión en ancianos

  • Dificultad para reconocer la enfermedad e incluso quejarse que la padecen.
  • Pérdida de interés, apatía, alteración del sueño, problemas de concentración… que se pueden atribuir al envejecimiento y sin embargo pueden esconder una depresión.
  • La persona que la padece suele quejarse de otro tipo de dolor asociado a otra enfermedad, como dolores musculares, gastrointestinales, memoria…

De un modo u otro, estos pueden camuflar el desarrollo de una depresión y se debe tener presente en todo momento el estado anímico del adulto mayor. No olvidemos la vigilancia por parte de los familiares y la actuación de un médico especialista en caso de observar comportamientos anormales en momentos determinados que se suceden en el tiempo.

Cómo evitar la depresión en ancianos

Hay varias formas para prevenir y evitar la depresión en personas mayores:

  • Llevando una vida saludable, con ejercicio físico y una dieta adecuada con abundancia de vitaminas, proteínas, hierro y un buen aporte calórico diario, así como baja en grasas. La actividad física, mejora el estado de ánimo y el bienestar tanto físico como sicológico. Realizar cualquier actividad diariamente mejorará sus capacidades físicas y emocionales, además de ser un gran aliado para combatir distintas enfermedades, sobre todo las cardiovasculares. Si ello lo complementamos con una dieta equilibrada ayudará a prevenir los episodios depresivos.
  • Manteniendo inquietudes, aficiones y actividades varias, así como un nutrido círculo social, que aleje al anciano del aislamiento al que propende con la mucha edad. Participar en actividades de ocio, talleres de manualidades, realizar visitas junto a personas de su misma edad… todo ello favorece las relaciones y estimulación cognitiva y emocional, imprescindibles para mantener una buena salud mental.
  • Detectar la depresión cuando esta pueda haberse producido, y asignarle un diagnóstico precoz, para así evitar que pueda degenerar y agravarse.
  • Combatir las alteraciones del apetito y del sueño que son inherentes a la depresión.
  • Apoyo y compresión: a nuestro familiar mayor, nada le hará sentirme más querido y apoyado que nuestra sola presencia. Acompañarlo y prestarle dedicación en esta etapa de la vida es fundamental, cuando más solos, vulnerables e independientes son. Por eso es importante dedicarles el mayor tiempo posible y mostrarles nuestro cariño.

La depresión en mayores puede y debe ser combatida de forma resoluta para así elevar la calidad de vida de la persona mayor.